EL ALCOHOLISMO

Marzo 1st, 2008

La tendencia del hombre a experimentar con lo prohibido o con lo dañino, parece ser providencial. Tanto se habla de la marcada diferencia que separa al hombre del animal al argumentarse que el primero es superior al segundo por el elemento racional que le distingue por encima del instintual que a aquél le caracteriza.-

Y así, nos encontramos con lo que podría ser el origen de este comportamiento, al menos, desde el punto de vista bíblico: al hombre le fue prohibido comer del fruto de la sabiduría, a la vez que le fue advertido de sus consecuencias. En que paró tal prohibición y tal advertencia? La historia es universalmente conocida: la pareja bíblica desobedeció y mordió del fruto prohibido.

Volviendo a la analogía con el animal, éste, de nacimiento viene programado para alejarse del peligro. Aún desde recién nacidas, las crías de cebra, de ñu, o de cualquier otra especie, sin conocer aún a su depredador, se esconden de éste ante el primer indicio de su presencia en el área. En cambio, el hombre, conociendo de su propia experiencia los amargos estragos del alcohol, no vacila al ingerirlo y rendirse ante sus fatales designios. He aquí que la frase del cantante Roberto Carlos de querer ser “más civilizado que los animales” encuentra otra acertada acepción.

Con todo y que mi tema no es bíblico, es menester que acuda a esta fuente por el valor inconmensurable de su palabra: vertiente a la que acuden millones de seres humanos en la búsqueda de la salvación espiritual, alcanzada la cual, se supone, serán desatadas las cadenas que le atan a problemas terrenales, alcoholismo incluido. Así, en Proverbios, Capítulo 29, versículos 29 y siguientes, dice: “¡Quién sufre? ¡Quién se queja? ¡Quién anda en pleitos y lamentos? ¡Quién es el herido sin motivo? ¡Quién tiene turbia la mirada? Y luego se contesta: “El que no abandona jamás el vino”.- Y finaliza diciendo: “Pero al final es como una serpiente que muerde y causa dolor. Te hará ver cosas extrañas y pensar y decir tonterías; te hará sentir que estás en alta mar, recostado en la punta del palo mayor, y dirás: “me golpearon y no sentí; me azotaron y no me dí cuenta; pero en cuanto me despierte, iré en busca de más vino” Y qué preciso el uso semántico que hace la Biblia de la serpiente. Silenciosa, rastrera, astuta y letal. Así es el alcoholismo, o quizás peor. El hombre saltará asustado si, de repente, mientras camina por el campo, escucha el sonajero de la serpiente de cascabel, pero ante el tintineo de las copas que contiene el veneno del alcohol, más bien saltará eufórico.

Efectivamente, así es el alcoholismo. Padecemos su aguijón, pero vamos por más.- Nos aconsejan separarnos de su látigo y ripostamos en su enconada defensa. Nos humillan por su causa y más nos acomodamos entre sus garras.

Y qué paradójico: cuando alzamos la copa con su savia tóxica para brindar, exclamamos ¡Salud¡ a pesar de que ésta se haya en grave riesgo, tanto así, que tantas veces ha concluido en la tumba.

La Organización Mundial de la Salud, organismo de las Naciones Unidas, ha dicho que el alcoholismo en una enfermedad. Pero qué clase de enfermedad? Por la manera como la encara la sociedad, debe tratarse ésta de la enfermedad más incomprendida del mundo- El mismo médico que en virtud de su apostolado ha hecho el juramento hipocrático, ve con menosprecio y de soslayo al paciente que, de emergencia, ha llegado al hospital en demanda de atención; no es raro que prefiera aplicarle el suero a otro paciente menos menesteroso que junto a él ha llegado de emergencia, puesto que éste “se ha buscado él mismo la enfermedad”, en consecuencia, porque por su propio gusto busca la muerte, es justo que se le entierre parado, como reza el adagio popular.

Y si de campañas sociales hablamos, cuándo se ha conocido de que haya un día internacional, nacional, regional o comarcal de lucha contra el alcoholismo? En cambio sí lo hay para apoyar la lucha contra el sida, o de apoyo al diabético, por ejemplo. Y no es que me queje de que haya este tipo de campañas. ¡Magnifico¡ En el deporte se hacen campañas para que la juventud se involucre en sus disciplinas para no caer en las garras de la drogadicción, y así, por ejemplo, un organismo mundial de boxeo, realiza con cierta regularidad veladas de Knock out a las Drogas. Contrario a esto último, el deporte es visto desde el crisol de los empresario etílicos más bien como un escaparate desde el cual exhibir sus marcas.

Se suele decir que el borracho es una basura humana. Pero el desprecio social al alcohólico es más drástico aún; veamos: cada día más crece el sentimiento de vivir en un mundo más limpio desde una perspectiva ecológica. Ello ha llevado a estimarse que la basura tiene un valor (“quién tiene las bolas más grandes?”, es una campaña con la que la Alcaldía de Managua insta a sus habitantes a reciclar basura compactándola en forma esférica”). Entonces, se recoge basura, se selecciona: la de origen orgánico sirve para hacer abono que se vende a buen precio; la inorgánica se procesa y se vende también a empresas recicladoras. Sin embargo, al borracho, a quien se le ha endilgado el término de basura, nadie lo quiere para reciclarlo socialmente: el barrendero pasará de largo ante su figura postrada en la cuneta en donde lo tiene el alcohol; su familia, ya harta de él, poco o nada hará por removerlo de ahí, y la sociedad no dedicará una simple mirada como no sea para mostrarle su asco, repulsa y desprecio.-

Sin embargo, es éste el Apocalipsis? No hay escapatoria alguna para el alcohólico? Millones han escapado del infierno de su adicción. Una vez que el alcohólico ha decidido hacer un viaje introspectivo hurgando dentro de su alma, y ha reconocido su impotencia alcohólica, es posible que vea abierta la rendija de su liberación, sea ésta la Iglesia (de cualquier denominación), un centro de rehabilitación, o ingresar a la Sociedad de Alcohólicos Anónimos, en cuyas salas, es posible que encuentre la tabla de salvación que le conduzca, de las negras y profundas aguas de su alcoholismo, a las aguas tranquilas, mansas y apacibles de la sobriedad, siempre y cuando, tenga la buena voluntad de hacerlo.